Recuperar el control en tu vida

Estimados lectores:

Hay un tema que me ronda la cabeza desde hace varios días. Una de mis aficiones, a parte de escribir o aprender lenguas extranjeras, es la psicología. No soy experto ni mucho menos. Tampoco doy consejos sobre cómo debes lidiar con tus problemas personales. Para eso están los profesionales, aquellos que han estudiado su Grado en Psicología y se han especializado a través de másteres en diferentes áreas. Yo solo me dedico a coger libros de tanto en tanto que traten de temas como la autoestima, dependencia emocional o trastornos por estrés postraumático para conocer un poco más sobre estas temática.

Sin embargo, a veces me da por reflexionar. De ahí, a veces surgen ideas, que si bien nunca podrán reemplazar el trabajo de un profesional, me gusta expresarlas para aportar un nuevo punto de vista y debatir.

Tomar el control

La gente me que conoce bien sabe que soy una persona un poco obsesionada con mantener el control de las cosas, estudiar todas las posibilidades y tener previsto un plan ante cualquier imprevisto. En el modelo Bridge de estilos relacionales encajaría en el perfil de una persona tipo tierra, pues intentamos analizar el mayor número de alternativas posibles, racionalizarlo todo e intentar evitar implicar las emociones en nuestras decisiones.

Lo malo es que a veces puede ser un poco enfermizo cuando se convierte en algo obsesivo, especialmente a la hora de gestionar nuestras emociones. A veces, para evitar “desviaciones en nuestros planes”, evitamos expresar lo que sentimos hasta que las situaciones no estén casi al cien por cien a nuestro favor. Y aquí es cuando llegan los problemas, porque por querer retener el control, lo acabamos perdiendo.

Expresar nuestras emociones para recuperar el control

Traslademos este contexto al terreno de las relaciones personales. Un complejo mundo en el que los psicólogos se estrujan la cabeza para diseñar terapias que ayuden a las personas a mantener relaciones sanas. Trabajar la autoestima, aprender a marcar los propios límites, son algunas de las cosas que los profesionales nos pueden ayudar si acudimos a ellos.

Muchas veces, tanto con amigos, familiares o pareja, evitamos expresar lo que sentimos por “miedo a” lo que pueda ocurrir, por ejemplo, perder a esa persona. Desde mi punto de vista, creo que no expresamos cómo nos sentimos (tanto lo bueno, como lo malo) porque así tenemos una falsa sensación de mantener el control sobre nuestra relación con esa persona.

Me explico. Supongamos que tienes una amiga o un amigo, con el que tienes un vínculo muy estrecho. Un día, después de mucho tiempo, te das cuenta de que te estás empezando a enamorar de esa persona.

Si le expresas cómo te sientes, corres el riesgo de que esa persona no actúe como te esperas. Por ejemplo, podrían presentarse los siguientes resultados:

  • En el mejor de los casos, puede que esa persona sienta lo mismo por ti y acabéis siendo pareja.
  • Puede que no sienta lo mismo, pero quiera mantener la amistad contigo.
  • En el peor de los casos, puede que te diga que no y que encima rompa la amistad contigo.
  • Otras posibilidades.

Nosotros podemos controlar lo que vamos a hacer y elegir entre declararnos o no, pero no podemos controlar el resultado. Y aquí es donde vienen los problemas. Por tanto, elegimos callar para que las cosas sigan como están y mantengamos agarrada la sartén por el mango.

He reflexionado sobre este tema y, como es obvio, esta lógica es errónea. En verdad, cuando no expresamos lo que sentimos, perdemos el control del todo.

La razón es la siguiente: viviríamos en la incertidumbre y perderíamos la capacidad de decidir sobre lo que más nos conviene. Por tanto, creo acertado que debemos aprender a ser claros con nuestros sentimientos, sean de enfado, tristeza o alegría. Voy a explicarlo mejor con un ejemplo:

Imaginemos que una persona hace algo que nos molesta. Si callamos para evitar la confrontación, porque creemos así evitar también un conflicto, pensamos que lo mantenemos todo bajo control porque todo sigue según el plan establecido. Sin embargo, como no estamos resolviendo esos sentimientos negativos, esa persona no es consciente del daño que ha hecho y seguirá actuando igual. Además, nosotros seguiremos soportando una situación indeseable que nos hará más y más daño. En consecuencia, perdemos el control y comprometemos nuestra integridad física y mental.

Si seguimos así en todos los ámbitos de la vida, como el trabajo, los amigos o pareja, sería un sinvivir en el que constantemente estaríamos sufriendo un entorno hostil. Acabaríamos culpando a los demás de lo que nos ocurre y viviríamos amargados, cuando nosotros mismos hemos creado está situación adversa.

En cambio, si a esa persona le decimos: “Oye, me ha molestado lo que has hecho”, es decir, expresamos nuestra disconformidad, iniciamos una serie de acontecimientos que nos brindan una oportunidad de recuperar el control de nuestra vida. Supongamos que ocurre cualquiera de estos dos escenarios:

  • Escenario 1: La otra persona se disculpa y procura no hacerlo más. En este caso, hemos logrado que nuestro interlocutor sea consciente del daño causado y darle una oportunidad de disculparse. Aprendemos que podemos confiar en esa persona. No solo eso, sino que aprenderá que no debe comportarse de esa manera con nosotros. Nuestra relación se fortalece y recuperamos el control.
  • Escenario 2: la otra persona monta un escenario, te dice que no es para tanto. En este caso, aprendemos que no podemos confiar en esa persona. Como tenemos más información tenemos más poder para decidir si queremos o no mantener esa amistad en nuestra vida. En consecuencia, recuperamos el control.

En resumen, considero adecuado que para mejorar nuestras relaciones interpersonales así como nuestra calidad de vida, debemos trabajar nuestras habilidades comunicativas y ser lo más abiertos posible con nuestras emociones. Eso no significa gritar a los cuatro vientos cuando estás enamorado/a o odias a alguien en profundidad, sino a expresarlas en el momento adecuado y con las personas involucradas. De esta manera, revelamos la realidad de las personas con las que nos relacionamos, nos guste o no. Sea lo que queramos o no, esto provoca que tengamos más información y podamos tomar una decisión más acertada con base en lo que mejor nos convenga.

Y tú, ¿estás de acuerdo con este artículo?

Muchas gracias por leerme.